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Dibujos satánicos

Artículo para el periódico sindical "All i Oli".

Sección: Allegro ma non troppo

José Antonio Antón Valero

Dibujos satánicos (I). A propósito de Mahoma y la libertad de expresión.

Los versos satánicos, del británico Salman Rushdie, condenado a muerte en una fetua (edicto religioso, si bien las fetuas  no implican un acuerdo o norma general aceptado por todo el Islam), fue quizá el paradigma de la persecución ideológica durante mucho tiempo.

El paralelismo con las caricaturas sobre Mohammed, se debe precisamente a que contribuye a dar una dimensión falseada e interesada, en la que algunos medios de comunicación tienen responsabilidad, aunque al servicio de tradiciones culturales que miran lo islámico como el enemigo a batir y que responden a geoestrategias de enfrentamiento y opresión que estos días se ejemplifican en el Irak y Afganistán ocupados, el Irán amenazado, o la Palestina agredida por Israel y los países "libres" que le apoyan.

Muchos de los que asumimos el discurso feminista, entendemos que la libertad de expresión de los artistas falleros, por muy creativa que sea referida a la realización de ninots y monumentos, no puede construirse sobre la base de la ordinariez y procacidad más machista. Esas expresiones de supuesta creatividad artística presentan esa mitad de los seres humanos que dicen respetar, como falleras pasivas, dentro de un discurso mojigato que, sin embargo, las presenta como seres faltos de todo valor o inteligencia, más allá de sus virtudes domésticas o perversas.

Esa "libertad de expresión" es la misma que, sin embargo, ante las protestas de la Iglesia Católica no ha tenido ningún problema en sustituir rápidamente entre sus ninots unas cruces inadecuadamente situadas o unos vibradores que surgen ante los ojos escandalizados o admirados de unas monjitas sorprendidas.

Recientemente, desde sectores de la ultraderecha se ha intentado atentar en el teatro Alfil de Madrid contra la representación de La revelación, de Leo Bassi, como tiempo atrás se hizo con la obra Me cago en Dios.En respuesta a los atentados, la Junta de Castilla-La Mancha y el Ayuntamiento de Toledo han retirado la subvención para el estreno de La revelación en esta ciudad, una vez que el arzobispo —ahora cardenal— Antonio Cañizares, la considerara "blasfema y anticristiana". El alcalde, José Manuel Molina (PP), apuntilló que la obra "es muy crítica con las figuras de la Virgen María y de Jesucristo (...) si hubiera sido contra Mahoma, ya se hubiera retirado".

Muchos de quienes apoyan estas consideraciones dicen defender la libertad de expresión y se definen como liberales mientras reivindican películas como La Pasión de Cristo (Mel Gibson), los azotes de los penitentes en los pasos de Semana Santa, los pies humeantes sobre brasas de personas que afirman estar protegidas por algún santo o el zarandeo de niños en medio de multitudes enardecidas en ofrendas a la Virgen. 

Hoy en día la tradición en Occidente sobre la libertad de expresión sobrevive con claroscuros. En los medios de comunicación se habla de quien se puede hablar y se habla poco —y condicionado— de quien no interesa que se hable. Las redacciones de los periódicos, radios o televisión, saben muy bien que la proclamada libertad utiliza caminos insondables. De forma explícita o implícita —la autocensura— no se tratan determinados temas o personajes (la monarquía, el derecho a la autodeterminación, los negocios del gobierno autonómico de turno, de los empresarios "amigos" de este gobierno, las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado...) o bien se abordan de manera que se pueda integrar dentro de un sistema, que se proclama liberal y democrático. De hecho, parece que la propia revista derechista que publicó los famosos dibujos sobre Mohammed, rechazó tiempo atrás del mismo autor unas caricaturas parecidas en las que se representaba al principal protagonista del cristianismo, porque "no eran adecuadas".

Los medios de comunicación, mediante las empresas y los consorcios que integran periódicos, radios, televisiones y otras industrias culturales se configuran como auténticos grupos de presión. Las cuotas de independencia de los medios están salpicadas a menudo de despidos y traslados de puesto de los profesionales. Paradójicamente, los trabajadores de estos medios y los comités de empresa en los que están representados tienen muchas cosas que decir pero disponen de pocos espacios donde contarlo.



Artículo para All i Oli (STEPV-Intersindical Valenciana)

Sección Allegro ma non troppo

DIVINAS PALABRAS 1ª parte 

 

José Antonio Antón Valero

  

El gasto que generó la visita del Papa católico a Valencia, en julio de 2006, será difícil de evaluar en toda su envergadura (sólo el ayuntamiento reconoce 2,36 millones de euros). Las supuestas "aportaciones" de la empresa privada deberían hacer que se sonrojara la propia feligresía, ya que la pregunta inmediatamente es ¿cómo la Iglesia puede aceptar un gasto y boato tan supino, y no ha renunciado a ello en beneficio de "los pobres", pongamos por caso"?. La Generalitat Valenciana del PP, se ha comportado literalmente como una administración confesional, al servicio de los intereses de grupos concretos de católicos, probablemente los más fundamentalistas y reaccionarios, el Opus Dei, los Combatientes de Cristo, Kikos, que vienen envolviendo el entorno vaticano desde hace años, y que utilizaron el espacio público de la ciudad de Valencia, en su Encuentro Mundial de Familias, para su uso particular. Por otro lado, la energía crítica por parte de la oposición, tampoco resultó muy combativa, aunque la ciudadanía respondió con la campaña Jo no  t´espere.

Ya su antecesor, Juan Pablo II, provocó una gran polémica en su visita a la republicana Francia para celebrar el XV Centenario del bautizo y conversión del rey franco Clodoveo (las raíces cristianas de Europa, dicen ellos), en septiembre de 1996, debido a las quejas que suscitó entre los laicos, su financiación con dinero público.

Recientemente, las palabras de Benedicto XVI en su visita a Baviera, un tradicional feudo de la derecha alemana, han causado protestas del mundo musulmán, por su vinculación entre Islam y uso de la violencia. Poco después, el dirigente del PP en tierras estadounidenses, José María Aznar, que no es la primera vez que defiende públicamente esta tesis, en su defensa del Papa dijo en el Instituto Hudson de Washington, que los musulmanes no le habían pedido perdón por conquistar España y que existía una guerra en la que "atacaron ellos...o ellos o nosotros", en el más puro estilo vaquero del far-west. Como ya he comentado en otros artículos la cosa viene de lejos. Si repasamos los textos del desaparecido Edward Said, se muestran las raíces profundas de incomprensión entre un Occidente cristiano y un Oriente, en el que la religión y cultura musulmana tiene un papel trascendental.

No hace falta imaginar que la cita del Sumo Pontífice sobre emperador bizantino Manuel II Paleólogo, acerca de la yihad y Mahoma, está descontextualizada y reinterpretada de forma interesada, sugiriendo una relación entre Islam e irracionalidad, y uso de la violencia. Puestos a poner ejemplos de lo dicho, un gesto de humildad podría haber recordado las piras ardiendo de la Inquisición, las expulsiones masivas de judíos y moriscos, el apoyo al Colonialismo y la trata de esclavos, o la no beligerancia contra el Facismo y Nazismo.

Todo ello encaja muy bien en la geopolítica mundial diseñada por los neoconservadores estadounidenses, que quieren enfrentar los potentes bloques económico-militares del "Norte" con los países emergentes del "Sur", en los que sus élites se encuentran en disputa. Pero la Globalización injusta impuesta por el club de los ricos G-8, FMI, OMC, se haya anclada mediante sofisticados mecanismos de seducción (mediática, consumista, de ocio, y educativa) o burda imposición (propagandística), generando una homogeneización sesgada por el modelo hegemónico anglo-estadounidense.

Una reordenación de este sistema-mundo,  convenientemente vigilada y tutorada por los poderosos, obliga a desactivar, neutralizar o eliminar las amenazas que son percibidas por las grandes corporaciones que mueven los hilos de los negocios del armamento, de la droga, de la energía... Y en todo ello, la guerra de ideas, de las imágenes y de las palabras, la guerra ideológica, tiene un papel fundamental. Hay que legitimar invasiones, hay que explicar que primero se destrozan países y luego se aparenta que se reconstruyen, que se derrocan dictadores y luego se sitúan gobiernos de paja, que se viene a imponer la paz y se potencian las guerras civiles y los enfrentamientos internos. Hay que mostrar al enemigo como un demonio, como un ser al que hay que destruir, con el que no es posible negociar, peligroso para toda la humanidad ( y el "modelo de vida" occidental, adecuadamente adornado con Democracia pura y cristalina, como si los sistemas políticos, los modelos de desarrollo, los modelos culturales y valores pudieran ser universalizables).

En esta guerra sucia, gana quien controla más recursos, entre ellos los de información; más agencias de noticias, más periódicos y radios, más cadenas de televisión, más redes en Internet, es decir más industrias culturales. Pero para poder presentar el mensaje, sigue siendo necesario algo o alguien que legitime este mensaje. Y quién mejor, entre otros, que el proveniente del mundo religioso, tan gastado a lo largo de la Historia, pero tan útil. Enfrentar religiones, supone enfrentar modelos socio-culturales, especialmente en religiones como la musulmana. Disputar en el terreno de las creencias, es no reconocer (como afirma José Antonio Pérez Tapia, profesor de Filosofía de la Universidad de Granada), que vivimos en sociedades de pluralidad compleja, multiculturales y diversas. Esta posición puede llevar a proclamar que se tiene la Verdad y supone acabar situándose material y moralmente por encima del "otro", que está equivocado. Es negar la validez de la experiencia histórica y cultural, de otras sociedades, que aunque propias, les ha permitido sobrevivir y aportar a la Humanidad su grano de arena.

Estas dinámicas, chocan con fenómenos similares en zonas de los países del "Sur", como en el caso de un determinado islamismo, apareciendo a los ojos de los intelectuales conservadores de uno y otro lado, como la expresión más clara del famoso "choque de civilizaciones" de Huntington. Si el Vaticano cree que ayudan sus palabras  (¿divinas?) para mejorar la convivencia entre cristianos y musulmanes, entre las sociedades de acogida y los inmigrantes, muchos de ellos musulmanes, entre las relaciones de los pueblos musulmanes en todo el mundo y el Occidente, percibido como nuevamente cruzado, quizás debería escuchar las voces, muchas veces acalladas, dentro de la propia Iglesia (como la Teología de la Liberación), que piden el cese de las hostilidades contra al Islam y ponerse decididamente del lado de los pobres, sean estos católicos o no.

En respuesta a los atentados, la Junta de Castilla-La Mancha y el Ayuntamiento de Toledo han retirado la subvención para el estreno de La revelación en esta ciudad, una vez que el arzobispo —ahora cardenal— Antonio Cañizares, la considerara "blasfema y anticristiana". El alcalde, José Manuel Molina (PP), apuntilló que la obra "es muy crítica con las figuras de la Virgen María y de Jesucristo (...) si hubiera sido contra Mahoma, ya se hubiera retirado".

Muchos de quienes apoyan estas consideraciones dicen defender la libertad de expresión y se definen como liberales mientras reivindican películas como La Pasión de Cristo (Mel Gibson), los azotes de los penitentes en los pasos de Semana Santa, los pies humeantes sobre brasas de personas que afirman estar protegidas por algún santo o el zarandeo de niños en medio de multitudes enardecidas en ofrendas a la Virgen. 

Hoy en día la tradición en Occidente sobre la libertad de expresión sobrevive con claroscuros. En los medios de comunicación se habla de quien se puede hablar y se habla poco —y condicionado— de quien no interesa que se hable. Las redacciones de los periódicos, radios o televisión, saben muy bien que la proclamada libertad utiliza caminos insondables. De forma explícita o implícita —la autocensura— no se tratan determinados temas o personajes (la monarquía, el derecho a la autodeterminación, los negocios del gobierno autonómico de turno, de los empresarios "amigos" de este gobierno, las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado...) o bien se abordan de manera que se pueda integrar dentro de un sistema, que se proclama liberal y democrático. De hecho, parece que la propia revista derechista que publicó los famosos dibujos sobre Mohammed, rechazó tiempo atrás del mismo autor unas caricaturas parecidas en las que se representaba al principal protagonista del cristianismo, porque "no eran adecuadas".

Los medios de comunicación, mediante las empresas y los consorcios que integran periódicos, radios, televisiones y otras industrias culturales se configuran como auténticos grupos de presión. Las cuotas de independencia de los medios están salpicadas a menudo de despidos y traslados de puesto de los profesionales. Paradójicamente, los trabajadores de estos medios y los comités de empresa en los que están representados tienen muchas cosas que decir pero disponen de pocos espacios donde contarlo.




Por daniyaa - 27 de Febrero, 2007, 10:48, Categoría: Imagen del "otro".Inmigración e Interculturalidad
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